ACADEMIA DE MÚSICA

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QUITO-ECUADOR

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Música Culta y Música de tradición oral

 

    Hoy sabemos que no existe sociedad, por más primitiva que sea, sin manifestación musical.

    La evidencia es muy clara, no podemos seguir creyendo que la obra de Bach, Beethoven, y los otros representa la música en el mundo.  Sin embargo, hasta comienzos de siglo, no se llegaba a imaginar que una música extra-europea valedera podía existir.

    A partir de 1920, dos grandes músicos europeos, Brailoui y  Bartók, empezaron a interesarse en la música popular. Sus trabajos llevaron a la creación, en 1948, de una nueva ciencia, la Etnomusicología, cuyo objetivo era el estudio de las músicas del mundo entero.  Ella determinó la existencia de dos tipos: la música llamada "seria" o "culta", y la música de tradición oral.  No se trata en ningún caso de un juicio de valor; son más bien características inherentes a cada una las que hacen la diferencia.

    La música culta viene de las clases instruidas de la sociedad; la música de tradición oral es creación colectiva de las clases populares.

    La primera da nacimiento a posteriori, a una teoría y a una escritura. Gracias a ésta (la escritura), las obras sobreviven a la muerte de los compositores. La segunda se transmite a través de la memoria colectiva.  Pero ella deja de existir cuando desaparece la sociedad que la crea.

    La música culta implica la existencia de una escuela, con maestro y discípulos; es por lo tanto una música de especialistas. La música de tradición oral se aprende sea a través de una enseñanza individual o colectiva, sea por imitación y es el pueblo entero que la toca.

    Monumento artístico, la música culta da complacencia a un reducido grupo de la sociedad. Por el contrario, la música de tradición oral es música funcional, que no tendría sentido si no estuviera íntimamente ligada a cada momento de la vida popular.

    Este enfoque presupone la abolición de la creencia: música occidental = música culta;  música extraoccidental = música primitiva.

    En efecto, encontramos en otros países, músicas con las características de la música seria.  Tal es el caso de la música de Indonesia, construida principalmente a base de superposiciones de líneas rítmicas y ejecutada por una orquesta compuesta exclusivamente de instrumentos de percusión.  Según la región, están afinados en modo equipentatónico (división de la octava en cinco partes iguales ), o en modo equiheptatónico (división de la octava en siete partes iguales). La música de Java y de Balí, las dos islas más famosas del archipiélago Indonesio, fue conocida por Debussy en la exposición universal de 1900.  La influencia de este descubrimiento le hizo cambiar su concepción rítmica.

    En los países árabes y la India se han desarrollado también sistemas musicales complejos, fundamentalmente modales.  En la música de la India el ritmo está igualmente sujeto a tratamientos modales.  En cuanto a la música oriental, también de construcción modal, está basada sobre el principio del pentatonismo.

    La complejidad de la estructura de estas músicas hace de ellas un arte de especialistas y rinde imposible la transmisión por vía oral.

    Pero, en cada país incluyendo los de Europa, existe paralelamente a la música seria una música de tradición oral.  Es la música de las clases populares. Creada por el pueblo para el pueblo, debe ser comprendida por todos y posible a ejecutar por todos. Es música simple, a la vez en su estructura, su melodía y su ritmo lo que le permite ser conservada por medio de la memoria colectiva. Está generalmente constituida de un corto motivo rítmico-melódico que se repite incesantemente, dando lugar a numerosas y sutiles variaciones.

    Esa música se caracteriza por una curiosa utilización de los instrumentos y de la voz, explotando todas sus posibilidades de emisión: el hablado, el grito, una voz ronca o muy aguda, nos hace calificarla de música de bárbaros.

    Pero el objetivo aquí no es el logro del sonido puro, exigido por nuestra educación, sino la transmisión de un mensaje. Siendo una música funcional, no existe por su belleza sonora, sino porque tiene un significado para el pueblo que la crea.  No existe como música que cuando está incluida en un contexto cultural dado. Acompaña entonces los trabajos de la vida diaria, los acontecimientos propios a nuestra naturaleza (nacimientos, muertes); en fin, está presente en las celebraciones religiosas (música de transa para entrar en contacto con las divinidades en África etc.) Esta música de la vida, íntimamente ligada a los hábitos y creencias, expresa la identidad de un pueblo. Siendo en general culturas de auto subsistencia, la música es el único instrumento de su liberación.

    El continente americano en su conjunto, no posee música culta propia; en cambio tiene una gran diversidad de músicas populares.  Por otro lado, ha recibido la influencia exterior, trayendo consigo un amplio fenómeno de aculturación que ha hecho desaparecer la cultura propia en muchos lugares.  A pesar de esto, los países andinos han conservado un recuerdo de las manifestaciones musicales ancestrales..

    La música en el Ecuador

    Paralelamente al mosaico de poblaciones que forman el Ecuador, existe una gran diversidad de estilos en lo que concierne a la música.

    Podemos tratar de aclarar la evolución de las artes a partir de la historia de las civilizaciones que las engendran. La de los tres países andinos es rica en intercambio entre los pueblos autóctonos, así como entre estos y otros venidos del exterior.  Naturalmente, las fusiones entre los diversos elementos han dado lugar  a varios tipos de músicas.

    Suponemos que la música precolombina del litoral y de la sierra de los países andinos, tenía las mismas características, a pesar de ciertas particularidades sin duda regionales. El principio de unificación conseguido por los Incas puede haber sido la causa de esa uniformidad. +

     En efecto, después de haber tomado posesión de las costas, habrían recogido ciertos elementos musicales propios a los pueblos que encontraron, para implantarlos en las montañas donde ellos mismos estaban establecidos,. El estudio de los instrumentos musicales nos da algunas informaciones a este respecto. Pero el poder incaico se consolidó sobre el litoral apenas dos siglos antes de la llegada de los Españoles.  ¿Cómo era la música de antes? ¿Era la misma en la costa y en la sierra? Tal vez los frecuentes intercambios entre la montaña y el litoral habían ya favorecido la mezcla.

     No poseemos ningún documento escrito que pueda ayudarnos,  Interrogantes como estas no tienen respuesta todavía.  Sin embargo, el estudio de la música serrana actual nos permite imaginar lo que fue en los tiempos antiguos.  En efecto, en el caso de tradiciones orales, gracias al fenómeno de la memoria colectiva, la misma música ha subsistido a través de las generaciones.

    Podemos entonces suponer que parte de la música tocada en la época prehispánica, la es todavía hoy, ciertamente con muchas alteraciones a causa de la conquista y de sus consecuencias.

    La llegada de los españoles con una escala compuesta de doce semitonos y el uso de instrumentos desconocidos perturbó la música de la costa y de la montaña, no así la música de las minorías étnicas del oriente, protegidas de la influencia extranjera debido a la dificultad de acceso.

    Según Raoul d'Harcourt, los españoles al instalarse en la costa, influenciaron mucho más la música a de esta región que la de la sierra a donde era más difícil llegar.  Es tal vez una de las razones que explica porque la música de tipo precolombino casi ha desaparecido del litoral, mientras que en la sierra sigue vigente. Sin embargo, la mezcla entre la música pre-existente en la sierra y la importada es grande.

    El grado de mestizaje varía de una pieza a otra. Pero, de manera general, constatamos que aparece más europeizada en la ciudad (música mestiza-9 y más indianizada en las comunidades campesinas . Este fenómeno, común a toda la cordillera, confiere a la música andina un carácter particular.

    Las diferencias regionales de la música prehispánica, las encontramos todavía en nuestros días, a pesar de la dificultad de determinarlas debido a la cantidad de mezclas producidas. Los mitimaes, desplazamientos de poblaciones efectuadas por los incas de un sitio a otro del Imperio, pueden ser una explicación; sabemos que fueron importantes, sobre todo en la parte norte, correspondiente a lo que hoy es el Ecuador.

    En la provincia de Esmeraldas se instaló igualmente una población negra. Se trata en gran medida, de esclavos africanos traídos por los conquistadores para sustituir la mano de obra perdida. Se supone también que un grupo de negros esclavos del naufragio de un barco que se dirigía al norte, se instaló en la provincia verde. Algunos se dirigieron a la sierra y formaron un núcleo negro en los Andes ecuatorianos. Curiosamente, el grado de mestizaje con la población indígena es muy reducido.

    Los negros trajeron consigo costumbres musicales propias del África. Como en América del Norte, las restituyeron celosamente una vez instalados. La cohabitación entre negros y españoles hizo aparecer la música criolla. Típicamente tropical en su concepción, está basada en el ritmo y la danza. Sin embargo, gran parte de ella guarda su carácter puramente africano y no es raro escuchar melodías negras en español, de inspiración católica.

    Consecuencia lógica de la casi absoluta separación de estas dos razas, el mestizaje entre la música negra y la indígena es prácticamente  inexistente.

    ¿Dónde y cuándo encontrar estas músicas? Lo hemos dicho ya la música de tradición oral depende de un contexto sociológico; la encontramos pues acompañando a cada uno, en cada instante de su vida. Pero se expresa con más vigor durante la fiesta, porque ella representa una intensificación de la vida cotidiana. Lastimosamente, están sujetos a un proceso de aculturación cada vez más importante. El tradicional desprecio de los "blancos" por las riquezas indígenas se seguramente una de las causas. Esto ha traído como consecuencia la negación y el olvido, por parte de los indios, de sus propios valores.

    Estando esta música en vías de desaparición, es tiempo ya de tomar conciencia de que se trata quizás de una de las pocas manifestaciones de una cultura que podemos afirmar legítimamente nuestra. Pero, no hay que olvidar que el pueblo de nuestro país posee también una música y que, a través de ella, nos dice que vive todavía.

 

Sophie Pelletier
Carlos Ortiz